miércoles, 24 de agosto de 2005

Jerry González

Según palabras del cineasta español Fernando Trueba, Jerry González es un jazzista con vocación de rumbero o viceversa. Y no le falta razón si tomamos en cuenta el hecho de poder reunir dentro de un mismo ámbito el complejo rítmico de la rumba afrocubana con el legado jazzístico de grandes personajes como Thelonious Monk y Miles Davis, logrando perspectivas dignas de ser apreciadas.

Nacido en Nueva York el 05 de Junio de 1949, Jerry González se inicia en la trompeta en su época de estudiante de secundaria en el Bronx. Sin embargo, la trompeta no sería su único instrumento ya que las tumbadoras harían el coqueteo necesario para que González dividiera su atención entre el cuero y el metal. Esta afición le permitiría ir más allá de la simple ejecución, sus pasos estaban encaminados entre el jazz y la música afrocubana, dos estilos que marcarían su norte y le permitirían tener mayores ambiciones a la hora de concretar los proyectos que habrían de venir.

Desde 1969, Jerry González estuvo involucrado en diversos proyectos musicales liderados por George Benson y Dizzy Gillespie, entre otros. Ya para el año 1974 lo encontramos involucrado en proyectos como el Conjunto Anabacoa, el Grupo Folklórico-Experimental Nuevayorkino y el Conjunto Libre de Manny Oquendo.

Su inicio en solitario data del año 1979, cuando el productor Kip Hanrahan le ofrece la oportunidad de grabar “Ya yo me curé”, producción que refleja los intrincados caminos que González pretendía recorrer. A partir del año 1980, Jerry González forma la Fort Apache Band, una propuesta muy vanguardista sobre la fusión entre el jazz y la rumba afrocubana sin concesiones ni sacrificio alguno, donde Jerry González ha puesto a prueba su creatividad musical y ha podido servir como punto de encuentro del jazz y los ritmos afrocubanos sin comprometer la esencia de cada uno.

En tiempos más recientes, encontramos a Jerry González desarrollando ideas musicales mediante mediante la exploración del flamenco, demostrando, una vez más, que la música sirve para unir pasiones, sentimientos, razas y culturas.

Estamos en presencia de un músico comprometido con la sinceridad de sus intenciones e ideas, capaz de ir del Bop a la rumba afrocubana pasando por los senderos del flamenco, bien sea soplando el metal de su trompeta o descifrando los mensajes ancestrales a través del golpe a sus tumbadoras. Entrega, pasión, devoción e irreverencia son palabras inmersas en el mensaje musical de quien es considerado un Pirata del Caribe.


Artículo publicado en la revista dominical Letra Inversa del diario Notitarde, en Valencia, Venezuela

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