domingo, 28 de agosto de 2005

La percusión creativa de Gerardo Rosales

Desde hace algunos años, en el mercado musical europeo han irrumpido, de manera exitosa, muchos de nuestros coterráneos, demostrándole al viejo continente y al mundo en general que nuestras propuestas musicales tienen valor e importancia dentro del ámbito cultural. Dentro de ese grupo de venezolanos hay que destacar al percusionista Gerardo Rosales.

Nacido en Caracas el 06 de julio de 1964, Gerardo Rosales se inicia en la música producto de los famosos Talleres de Percusión de Sarría, donde aprendería el ancestral arte del golpe de los cueros. No tardaría Rosales en destacar, lo cual sería un punto a favor para ser tomado en cuenta por agrupaciones como Yarake y Café, ambas del ámbito salsoso. Posteriormente, realiza una gira por España con la agrupación Caracas Son 7, concretamente a la famosa Expo Sevilla 92, donde ve surgir la posibilidad de hacer carrera dentro del exigente ambiente musical europeo. El reto estaba planteado y Gerardo no desaprovecharía la oportunidad de poder realizarse como creador en el viejo continente, de manera que establecería su cuartel general en Ámsterdam, Holanda.

Una vez radicado en el país de los tulipanes, Gerardo Rosales decide emprender su proyecto musical basado en las fusiones del jazz y los ritmos afrocaribeños y venezolanos, logrando destacarse como uno de los grandes percusionistas de la actualidad, todo eso gracias al empeño, al estudio de ritmos afrocaribeños, la dedicación al trabajo creativo y a la originalidad de su propuesta musical.

“Venezuela Sonora”, “Señor Tambó”, “El Venezolano”, “Ritmo y pianístico” (en colaboración con Eddy Martínez) y “La Salsa es mi vida”, ésta última realizada en Nueva York, son cinco producciones discográficas que avalan a Gerardo Rosales y lo muestran como uno de los percusionistas más creativos dentro del mundo de la música, donde el joropo se da la mano con las tumbadoras cubanas, y los ritmos afrovenezolanos se integran a la fiesta donde Rosales es el anfitrión.

Escuchar a Gerardo Rosales es como percibir el aroma del café recién colado, donde nos pasea por los caminos de la música venezolana, el jazz, la música afrocubana y la salsa, mediante el ritmo que lleva inmerso en la sangre y que nos transmite una buena carga de sabor a través del tambor y los instrumentos de percusión. Jamás ha perdido su identidad, ni sus creencias, ni la humildad que caracteriza su ser y sus propuestas musicales. Por el contrario, su manera de hacer música, creativa y original, representa uno de sus mayores orgullos.

Artículo originalmente publicado en la revista dominical Letra Inversa del diario Notitarde, en Valencia, Venezuela

No hay comentarios.: