miércoles, 24 de agosto de 2005

Una historia del Latin Jazz

Nueva York ha sido, a través de los años, la ciudad donde han surgido auténticos fenómenos, en cuanto a música se refiere. Uno de los fenómenos más importantes ha sido, sin lugar a dudas, el mestizaje musical realizado a finales de los años 30 y a principios de los años 40, que determinó el surgimiento de una nueva cultura musical que habría de impactar a la ciudad que nunca duerme, al caribe y al mundo entero: El Latin Jazz.

Durante esos años, el predominio musical era de las grandes bandas de jazz de la época: Duke Ellington, Count Basie, Cab Calloway, por citar algunas. Sin embargo, otras serían las perspectivas que tomarían las bandas de aquel tiempo con la llegada del ritmo y el tambor afrocubano. De igual manera, los músicos intentaban obtener un nuevo vehículo de expresión que les permitiese desarrollar todo su potencial, y el público, factor fundamental, necesitaba nuevas formas musicales que captasen su atención.

Según nos cuenta la historia, existen dos responsables directos del nacimiento del Latin Jazz: Machito (Frank Grillo) y Mario Bauzá, quienes llegarían de La Habana cargados de ideas y con ganas de desarrollar todo su potencial musical en Nueva York. Machito participó como cantante con las Estrellas Habaneras y el Conjunto Siboney, mientras que Bauzá ejecutaba la trompeta en orquestas como las de Chick Webb y Cab Calloway. Los momentos cumbres del nacimiento del género estaban por venir. Previo a esto, habían existido algunos intentos de fusionar el jazz con lo latino, entre los que destacan el famoso “Spanish Tinge” de Jelly Roll Morton o el clásico “Caravan”, composición del trombonista Juan Tizol y Duke Ellington.

Para el año 1940 surge un momento importante en este proceso de mestizaje musical. Se trata de la formación de los Afrocubans por parte de Machito, contando con Mario Bauzá como director musical. Los Afrocubans fueron los encargados de iniciar todo este proceso de fusión de ritmos afrocubanos con las armonías del jazz estadounidense, permitiendo así la fusión de elementos culturales y sociales en la gran manzana. Para ello se contaba con la experiencia de Bauzá en el Jazz y los conocimientos de Machito sobre los ritmos afrocubanos, todo esto aunado a un talento incomparable y a la búsqueda de un nuevo sonido.

El golpe definitivo para el desarrollo de este movimiento musical resulta en la llegada a Nueva York del percusionista cubano Chano Pozo, quien llega a la orquesta de Dizzy Gillespie por sugerencia de Mario Bauzá. El ritmo intrincado y caliente que le imprimió Pozo a la orquesta de Gillespie permitió el nacimiento del Cu-Bop (Suerte de fusión entre el Be-Bop y la música cubana), lo cual se manifiesta en el tema Cubana Be Cubana Bop. El ritmo que Pozo le imprimía a sus interpretaciones y composiciones así como el coocimiento de una diversidad de ritmos y expresiones afrocubanas le permitió al naciente movimiento contar con un atractivo especial: El espectáculo del tambor llevado a los salones de baile. Por otra parte, Gillespie tomaría las sugerencias de Bauzá como punto de partida para desarrollar todo el espíritu y las formas que caracterizarían el nuevo género.

Sin embargo, existe un nombre que siempre ha sido el menos nombrado cuando hablamos del nacimiento del género. Se trata de Chico O’Farrill, el arreglista, director y compositor de grandes obras que dieron realce al género, quien entre tantas virtudes tuvo la visión de ver la Big Band como un gran instrumento, lo cual se aprecia en sus arreglos y composiciones llenas de colorido, matices y sabor. Eran los tiempos del mítico Palladium, el lugar de moda en Nueva York donde se dieron cita las orquestas más importantes del momento y las que, posteriormente, darían el complemento necesario al género. Allí sonaban los nombres de Tito Puente, Tito Rodríguez, Eddie Palmieri, el propio Machito, Chico O’Farrill, entre otros.

Todo esto significó la unión definitiva de las orquestaciones y armonías que caracterizan el jazz norteamericano con los ritmos y cadencias afrocubanas, formando así lo que hoy conocemos como Latin Jazz. Temas como Mambo Inn (Mario Bauzá), Manteca y Tin Tin Deo (Chano Pozo), The Azteca Suite (Chico O’Farrill), Sopa de Pichón (Machito y Los Afrocubans) son solo parte del repertorio que se haría clásico dentro del surgimiento del género. Con el transcurrir del tiempo, la historia tendría otros giros y se observaría cómo el Latin Jazz toma formas y pautas determinadas por ritmos y estilos de diversas partes de Latinoamérica, dándole la amplitud necesaria al género

Más allá de ser una nueva forma de expresión musical, debemos hablar de una nueva forma de expresión urbana, donde el latino podía aportar elementos importantes al movimiento musical y cultural gestado en la gran manzana, lo cual es un punto referencial sobre la evolución del jazz y la música de América y el caribe. Esto le permitió demostrar el valor de su existencia y de su herencia musical cultivada en muchos años. Además, presenta una rica raíz rítmica de alto calibre: El tambor, instrumento presente tanto en el jazz como en la música afrocaribeña.

Lo que comenzó como un proceso de mestizaje entre la música afrocubana y el jazz ha desembocado en la fusión de diversos ritmos afroamericanos con el jazz, produciéndose verdaderas joyas musicales que merecen ser mostradas en su justa proporción, de manera de presentarle al mundo el aporte cultural y la riqueza de los géneros que allí tienen cabida. En la actualidad, el jazz se da la mano con un tambor de San Millán o un joropo tuyero, camina al compás de un Tango argentino, acaricia las notas de un bossa nova, flirtea con los sonidos centroamericanos o danza armónicamente con una rumba columbia.

Todo esto nos demuestra el cruce de dos culturas musicales para originar nuevos sonidos que identifican, de alguna manera, el proceso de mestizaje llevado a cabo en América; el desarrollo de una nueva forma de hacer música y la evolución de un género que habría de recorrer el mundo por caminos infinitos. Así, contado de esta manera, es una historia del Latin Jazz.


Artículo publicado en la revista dominical Letra Inversa del diario Notitarde de Valencia, el día 14 de agosto de 2005

3 comentarios:

Carlos Caldera dijo...

Excelente iniciativa y un fórum adecuado para discutir y compartir.
Por lo que respecta a Djavan me permito señalar a OCEANO como otro de sus temas fundamentales. Creo también interesante recordar que DJAVAN en sus últimos dos discos ha contado con dos de sus hijos como instrumentidas y a su hija como letrista, caso único en el mundo del show bizz.
Saludos y suerte con la página.
C. Caldera
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Fósforo Sequera dijo...

¡Gracias Carlos! Como siempre, acertados los comentarios.

Seguimos en clave...

Fósforo Sequera

Planeta Urupagua dijo...

Bienvenido a la "blogosfera". Excelente post del Latin Jazz, una referencia que nos reafirma como "mestizos".

Salud