jueves, 13 de octubre de 2005

¿Ganamos o perdemos?


En días pasados, un visitante a mi blog me hacía la pregunta que da título a esta nota referenciada a la música digital y su auge en estos tiempos. Todo esto venía al caso ya que hablábamos de la experiencia gratificante que resulta en abrir el CD, leer la información del librito que acompaña cada producción discográfica (cuando los productores tienen la gentileza de hacerlo) y disfrutar de la experiencia visual mientas las notas de cuelan por nuestros conductos auditivos, cosas que dejaríamos de difrutar parcialmente por el furor de la música digital.
Obviamente, estamos frente a un hecho que nos señala un par de situaciones especiales. Con la llegada de la música digital, y la facilidad que hay para encontrarla (comprada a los sitios oficiales, copiada, transferida desde un CD original o por otros medios), obtendremos de forma rápida toda la música que necesitemos. Es decir, se disminuirá el tiempo de espera desde el lanzamiento de la producción discográfica hasta tenerla en nuestras manos.
Por otra parte, nos perderíamos el placer de ojear, leer, releer y, una vez más, volver a curiosear sobre los créditos que acompañan al disco, sobre los detalles de producción que nos ayudan a entender, en cierto modo, las razones por las que un artista graba tales temas.
Quizás, la ganancia esté en la rapidez para obtener las grabaciones, pero a cambio de privarnos de cirtos placeres muy necesarios para el alma y para quienes somos melómanos de nacimiento y por convicción.
Visto todo esto, prefiero esperar a que el CD esté en mis manos, disfrutar del momento de quitarle el celofán (cosa reservada para el dueño), sentir como el olor a CD nuevo penetra por mis fosas nasales, colocarlo en el CD-Player y comenzar la experiencia del recorrido visual mientras las notas hacen el trabajo de elevar mi alma hacia los niveles de tranquilidad y alegría que siempre, acordes mediante, me produce. Tal vez, algunos consideren que estoy perdiendo ya que las grabaciones tardan un poco en llegar a mis manos, pero seguiré ganando mientras pueda abrirlos y disfrutarlos uno a uno, sorbo a sorbo, como el buen vino.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustaria comentar el hecho de que los portales como ITunes permiten comprar las canciones individuales. En cierto sentido esto desvirtua el sentido del album entendido como un todo musical y como obra artistica y de hecho hace que se pierda un poco el concepto de album como una coleccion de piezas que representan una epoca o etapa determinada en la vida del artista.

El lado positivo es la libertad de comprar lo que nos gusta, pero incluso esto es discutible, porque existira la tendencia a comprar solo lo mas popular o lo que la radio suena.

A quien no le ha pasado comprar un album y enamorarse de una pieza que a nadie la gusta y que talvez jamas sono en la radio?

Saludos y gracias amigo fosforo.

Anonimo.

Anónimo dijo...

Añadiendo a mi comentario anterior (anonimo) no hay que negar que siempre existe la posibilidad en Itunes y demas portales de comprar el album completo, asi que queda a eleccion del comprador.

Creo que en una entrevista de la revista a Rolling Stones a Steve jobs le preguntan su opinion acerca de este fenomeno, voy a buscar por ahi y si la consigo se la copio.

Saludos.

Anónimo dijo...

Otro Anonimo (sin acentos, desde EE.UU.):

El concepto de album es relativamente reciente (hay quien se lo atribuye a los Beatles por su Sargento Pimienta, dado el impacto cultural y generacional, lo cierto es que la apoteosis del album llega con Pink Floyd y su rompedor de records, El Lado Oscuro de la Luna, aunque hay otros ejemplos que son incluso mejores para entender el todo como mas que la suma de las partes, tal es el caso de El Cordero Yace en Broadway, de Genesis, y Espeso como un Ladrillo, de Jethro Tull).
Total, que desde siempre las canciones han existido y se imponian como unidades individuales y el que unas vinieran con otras fue el resultado mas del formato con el que se empezo a comercializar la musica grabada que una demanda del mercado: el disco de pasta, una cara, una cancion. Entonces, como ahora, la oferta cambio la demanda y no al reves.
Antes la musica se popularizaba por la venta de partituras!!!!!! y la musica popular lo era porque el pueblo se aprendia las canciones y las tocaba en reuniones y fiestas. Entonces, los reyes del mambo eran los compositores y a la gente le importaba mas que fuera una cancion firmada por Irving Berlin o el compositor preferido de ese momento, para lucirse al interpretarla y ganarse el cielo con escapulario ajeno (otra forma del cortejo, entonces mas dificil segun cuentan los sobrevivientes, o asi nos parece a nosotros ahora).
El problema entonces no esta en si volvemos a los tiempos de los abuelos, lo que en el particular no es ni malo, al tener que valerse cada cancion por si misma, pues deberia mejorar la calidad de la composicion y de la interpretacion: cero grasa, pura carne, pues los productores ya no meterian "relleno" para "completar" el album, y las canciones podrian ir apareciendo sueltas a lo largo del tiempo sin esperar un lanzamiento en grupo. Antes los musicos, salvo los fenomenos que todavia existen, eran mas prolificos. El album nos ha traido una relativa sequia y un artista se puede dar el lujo de estar de sabatico un lustro y no desaparecer de la mente de sus seguidores (asi sea porque le estemos mentando la madre, saludos a Peter Gabriel, por cierto, si lo ven, de mi parte).
El problema es otro: la calidad del formato es lo que importa aqui. Entonces, sera cierto que hemos mejorado con la musica digital? Algunos diran por supuesto, pero yo ya no estoy tan seguro. Neil Young escribio hace casi dos decadas sobre el peligro de la musica digital por ser una pseudomusica: es solo la informacion del espectro musical que podemos oir, el resto no esta, es como esas abominaciones "light" que nos esta dando por comer, valgame Dios. Somos unos locos.
Si sumamos a eso que cada vez que a la industria se le ocurre nos cambia de formato y deja el precedente obsoleto, pues nos enfrentamos aqui a una estafa orquestada de dimensiones biblicas que mereceria una demanda, Michael Moore y Ralph Nader mediante, que nos salvara de semejantes usureros que nos obligan a cambiar nuestra discoteca justo cuando nos esta gustando. Cuantos de ustedes no tienen estanterias llenas de musica que hace siglos no oyen? La pagamos, en albumes, por cierto, y es nuestra, no la "robamos" como dice la industria que hacemos cada vez que bajamos algo, pero si quiero oir mis viejos discos la industria me castiga tambien, porque no es facil hacerlo, ahora es una extravagancia de gourmet, una chochera, un anacronismo.
Si a la industria le duele que baje las canciones, pues eso para mi ya es un valor agregado: el musico siempre recibira la parte mas gruesa de su ingreso por sus presentaciones personales y por los derechos que le cobre a la industria por el uso comercial que ella haga de su obra. Lo otro es hacer popular la musica popular, asi que no me jodan mas con la llantina del plastiquito, que me lo puedo pasar bomba el resto de la vida sin olerlo.
Eso si, plomo a los piratas, al menos a los que vuelven un asco nuestras calles y encima lavan dolares del narcotrafico, evaden impuestos y venden, literalmente, pura basura que envenena el alma de la gente. Es decir, plomo a los piratas. Punto. Final.

Fósforo Sequera dijo...

Gracias por vuestros comentarios. La idea de todo esto es ofrecer las dos visiones de un hecho particular, respetando puntos de vista y opiniones personales. Creo que cada uno tiene ventajas y desventajas, como todo en la vida, así que cada quien tomará el lado que mejor le parezca.

Paz