martes, 2 de mayo de 2006

De conciertos o jam session



Diferentes personalidades confluyen sobre las tablas. Diversas formas y estilos de vida tan distantes como el comienzo y el final de un jam session. Seis instrumentos terminan de definir detalles acerca del repertorio. La emoción va fluyendo lentamente, y cada cual ya tiene claro el rol que debe jugar desde su posición, ya cada quien conoce, o intenta conocer, lo que puede y no puede desarrollar en su mensaje, aunque el escenario siempre tiene algo de magia y ayuda para quienes trabajan duro y quieren dar lo mejor de sí. Cada uno tiene su ritual, espiritual unos, cabalístico otros, unos usamos la boina al revés mientras otros van de corbata. Cada uno se sumerge en la atmósfera individual de su personalidad y de su instrumento, pero ésta tiene el poder de tener vasos comunicantes con el resto, de manera que se crea el espíritu colectivo de una manera natural. La tensión natural aumenta un poco, de manera lógica. Pese a tornarse indómita, por momentos, el pulso de las palmadas del director logra calmar esa fiera salvaje llamada miedo escénico, aunque estará presente, cual depredador, a la espera de un descuido para atacarnos sin piedad. Termina el pulso y cada quien se dispone a tocar en la manera en que sabe hacerlo, de la manera en que se ha preparado el repertorio, con los aciertos o desaciertos que suelen suceder en estas lides. Total, la perfección es un hito difícil. Así va surgiendo la química de los músicos, la complicidad eterna entre quienes comparten una de las pasiones más hermosas que el ser humano haya creado, un verdadero lenguaje universal entendido por todos, donde la conversación es a tantas voces como sea posible. Así nos sentimos cuando, música mediante, podemos expresar nuestras ideas a través de los sonidos, de la vibración del aire cuando pasa a través de la caña, cuando los dedos rasgan las metálicas cuerdas, cuando las manos atacan los cueros. Así nos sentimos, más humanos que nunca, cada vez que vamos a escena o a una jam session, intentando acercarnos al jazz. Baquetas en mano, en medio de mis tambores y platillos, intento descifrar los mensajes que mis ancestrales amigos me han legado. Sigo tratando, sigo tocando, sintiendo cada vez más un infinito amor por la música. ¿Qué es lo que sigue, Maestro? ¿A night in Tunisia? Perfecto, marque pues.
Con mucho Aché.

2 comentarios:

AnGe!... dijo...

Me encanta como vives con tanta pasión tu gusto por la música!! ^^

Nada como apreciar un buen concierto donde se nota la armonía entre sus músicos y cantantes..

Besitos y suerte en el programa!! ^^

Fósforo Sequera dijo...

Gracias, de verdad. La música forma parte fundamental en mi vida. Gracias por venir. Besos y cariños.

Seguimos en clave...