viernes, 1 de diciembre de 2006

¡Misión cumplida, vieja!

Con Frankie Vazquez y Manny Oquendo

De izquierda a derecha: El sonero Frankie Vázquez, Fósforo Sequera y Manny Oquendo, Master Timbalero (Maracay, Circa 2001)

La zona de músicos, periodistas, gente de los medios y organizadores siempre está congestionada en cualquier concierto. Gente que va caminando de un lado hacia otro, haciendo cada cual su labor, entretener, la de unos, organizar, la de otros, e informar, grupo entre los cuales me encontraba. La oferta de esa noche era para gozarla en pleno, más si se trataba de la salsa de antaño, esa que nos hace fiesta en el alma con cada compás, esa que se añora, que se revive a cada instante y que tiene adeptos en diversos espacios del planeta. Voy dando pasos acelerados para colocarme al lado de la tarima, tratando de cumplir uno de los objetivos que me había trazado esa noche maracayera. llego al lugar indicado, quizás no era el más cómodo, pero servía para lograr parte del cometido. La banda arrancaba con sus característicos trombones, ásperos, fluyendo de ellos una suerte de huracán caribeño que no arrasaba con la multitud, más bien los contagiaba del espíritu festivo y poderoso que simboliza la salsa newyorkina. El bajo y las tumbadoras mantenían esa complicidad necesaria para hacer una sólida plataforma donde el resto de la banda pudiese tener asidero seguro. Las pailas, de graves tonalidades, muy sonoras, amarradas a la clave con coloridos pañuelos, estaban en las seguras manos del maestro, quien le ha jurado una fidelidad absoluta a la clave, al sabor, a la herencia, permitiendo que tradición y vanguardia puedan equipararse. Los golpes al timbal tenían un perfecto sentido, enmarcados dentro del aura de libertad que solo una banda como esta podría lograr. Así transcurría la presentación, donde me alimenté de salsa brava como pocos. Al finalizar el show, la acumulación de buena música, y sabor era suficiente como para sentirme satisfecho, sin embargo, debía recordar que tenía la misión de intercambiar palabras con el maestro Oquendo, pilar fundamental del Conjunto Libre, responsable de esa alta dosis de salsa a las que nos había sometido al frente de su legendaria banda. Salté desde mi posición hacia el área de camerinos tan rápido como un quiebre de quintos, con la emoción trepando entre mis neuronas y la esperanza de poder ser atendido en el camerino de la banda. Al llegar al camerino, el comité de bienvenida lo presidía Frankie Vázquez, siempre cordial, quien me invitó a pasar una vez que comprobó que venía a hacer mi trabajo para la radio. Una vez dentro del camerino, los responsables de la salsa y el ritmo del Conjunto Libre reposaban en sus asientos. Por allí veía al maestro Andy González, a Marcus Persiani, a Jorge Maldonado, todos cercanos a la mesa dispuesta con las bebidas y alimentos que se ofrecen en este tipo de eventos. Frankie Vázquez me decía - ¡Date un trago, Fósforo! El maestro ya viene, está en su ritual de desarmar el timbal. Ya te va a atender - Acepté el trago, y me incorporé a la siempre agradable tertulia entre músicos luego de un show. Anécdotas iban y venían, flashes que evidenciaban fotos para la prensa o para el álbum de recuerdos, risas y mucha alegría luego del deber cumplido por los músicos, aunque aun mi cometido no estaba cumplido por completo. A los pocos minutos, la figura de Oquendo apareció en el camerino, cargada de amabilidad y mucha cortesía, siempre con esa musicalidad que lo ha caracterizado por años. Frankie me presenta al maestro, el saludo y el abrazo no se hicieron esperar, más cuando se trataba de un personaje a quien admiraba desde pequeño. Obviamente, la conversación fluyó de manera muy cordial, donde nos paseamos por el estilo tradicional que Oquendo ha preservado por años, por lo que significa el Conjunto Libre y por buena parte de la trayectoria del maestro. A los pocos minutos recibimos un aviso, la banda debía partir hacia el aeropuerto. Volvieron los abrazos, esta vez de despedida, manifestando una vez más mi admiración y respeto por uno de los músicos más importantes que la salsa ha tenido entre sus filas. Salimos del camerino, pero mi rumbo se dirigía hacia el sector donde se encontraban mis colegas de la emisora. Uno de ellos, el pana Horacio Santana, al verme la cara de alegría solo pudo exclamar ¡Misión cumplida, vieja*!

*Vieja: Término utilizado por diversos colegas de la radio como forma jocosa de llamar a otro compañero.

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