miércoles, 24 de septiembre de 2008

Recibiendo el testigo

Todo lo hacían aquellas manos que incansablemente se posaban sobre las teclas blancas y negras, transmitiendo aquel mensaje en su muy particular código, flotando entre galopes de brisa, fluyendo de la vieja chistera, energía que me permitiría conocer diversos horizontes. De aquel viejo piano Sauter surgían las mágicas notas que José Natalio solía interpretar, notas que servirían para formar parte de las estrellas que serían guías por diversidad de horizontes. Con cada acorde, con cada contrapunto, con cada descarga, aparecían desenfadadas las señales que definirían inimaginables rutas, sorprendentes y maravillosos sonidos hechos caminos que se atesoraban en aquel cúmulo de células hechas humanidad, esa misma humanidad que siempre usó trajes hechos con fusas y claves de sol, con hilos de séptimas y novenas, con puntillos y silencios bordados.

Una tras otra, las historias no dejaban de aparecer asomadas entre cada una de las teclas, relatos que se iban escribiendo en aquel invisible cuaderno, cuyas interminables hojas hoy siguen siendo un punto de referencia, siempre teniendo como protagonista la figura del flaco de oro, Agustín Lara, pluma y sonido jarocho que acompañó tantos amores e historias. Todo esto tuvo como escenario aquel viejo piano Sauter, donde la mano izquierda de José Natalio se manejaba cual espadachín en su combate final, con destreza, con sutilezas y cadencias caribeñas, y su mano derecha era pura precisión y contundencia, liberadora de acordes complejos y de finas melodías, tallando en cada tecla sus particulares historias.

La sensibilidad se abría paso a partir de aquellos encuentros cargados de sonidos e historias, donde las voces de Pedro Vargas, Toña La Negra y Juan Arvizu eran frecuentes invitadas a aquellas tertulias donde se fue formando todo. Sin embargo, aquellos encuentros en la casa del abuelo tenían, también, sus matices venezolanos. Antonio Lauro, Antonio Carrillo, Pablo Canela y Laudelino Mejías, entre otros, surgían como referencias obligadas en los paisajes que José Natalio dibujaba en su piano Por allí comenzaba la cosa.

Con el pasar del tiempo, las referencias iban apareciendo desde diversos rincones del planeta, vía Lorenzo, el viejo, cuyos gustos variopintos iban desde las rancheras más conocidas hasta los boleros de Tito Rodríguez. Puente, por su parte, vendría después. Todo aquello representó – y lo sigue haciendo – un fabuloso matraz donde diversos sonidos se fueron mezclando de manera homogénea, lentamente, al calor del sol del trópico, cocido en agua de coco , permitiendo que cada uno de ellos pudiese existir sin estorbarle al otro, en perfecta coexistencia. Ritmos que tenían boleto de llegada se fueron haciendo presentes, mostrándose en su total esplendor, derramando secretos y sabores que vinieron a darle ese toque especial, ese secreto del chef, la maña que hacía falta.

De esas incansables manos que acariciaban teclas blancas y negras generosamente recibí la batuta en forma de testigo, para seguir en este incansable viaje, en esta suerte de descubrimiento de distintas sonoridades que cada vez arrullan mis oídos, que cada vez me invitan a seguir viajando sin necesidad de pasaporte o visa, donde las etiquetas se dejan atrás, señal inequívoca de la universalidad de los sonidos. Todo gracias a José Natalio, y al viejo piano Sauter.


martes, 23 de septiembre de 2008

Suka jazz en Valencia (La Reseña)


Suka Jazz en directo... desde Valencia

El ambiente lucía inmejorable, todos - o casi todos - los que tenían que estar ya estaban o bien sentados o bien parados, igual daba para disfrutar de una noche de jazz que prometía, y mucho. Los protagonistas o, mejor dicho, los que revelan a la protagonista, la música, ya estaban en posición de empezar a dibujar sonidos con la complicidad del aire, del tañer de las cuerdas o con el golpeteo incesante de las baquetas sobre los tambores y platillos.


Pablo Gil


Con el vuelo de las primeras notas, Pablo Gil nos presentaba su producción más reciente titulada Suka - Jazz en directo, donde se pretendía mostrar el ambiente creado en Caracas, lugar donde se hizo esta grabación en directo. Sin embargo, esta vez el lugar escogido para abrirle el camino a la expresividad, al virtuosismo, talento y sensibilidad no era precisamente Suka, sino el ya mítico Oh Que Bueno!, sitio tradicional de la ciudad de Valencia, ciudad capital del estado Carabobo, en Venezuela, suerte de refugio donde el jazz, así como iotras expresiones musicales, ha conseguido espacio seguro desde hace algunos años.


Roberto Koch


La energía emanada de la fibra de cada músico iba tomando el espacio, y la música surgía imponente, altiva, densa y mágica para confundirse entre el numeroso público que se dio cita, y toda la energía fue posible gracias a la química entre músicos y público, razón suficiente para alcanzar alturas jamás logradas.


Carmelo Medina


Muchas virtudes musicales surgieron de parte de los encargados de levantar el vuelo. Uno a uno, así como en conjunto, mostraron sus habilidades y todo lo que pueden entregar cuando de hacer buena música se trata. Pablo Gil ofreciendo aire destilado en alambiques de alto volumen, con notas vaporizadas que subían como luces y hacían que esta suerte de mezcla de jazz, funk y rock emergiera con vida propia. Andrés Briceño insuperable, siempre con la humildad que lo caracteriza, nos dio buenos visos de lo que un baterista debe ser: enérgico, creativo, impecablemente lleno de todo un virtuosismo mantenido en años al frente de unos tambores. Carmelo Medina, el del patio, lució sus mejores galas como guitarrista, siempre en su nivel - alto y sólido - como uno de los mejores exponentes de las seis cuerdas en nuestro país. Roberto Koch, luces aparte, aporta la seguridad, destreza, maestría y mucha elegancia al momento de pulsar las cuerdas de su contrabajo eléctrico, poniendo en evidencia el por qué es solicitado para muchos de los trabajos musicales en el país.


Andrés Briceño


Una noche irrepetible, con muchas luces provenientes de la unión del jazz, funk y rock brindado por 4 excelentes músicos que entregaron lo mejor de sí, amalgamados, como una sola unidad, pero sin perder el sentido que solo el jazz dispone. Bravo por ellos. Que se repita

jueves, 4 de septiembre de 2008

Baroko


La música siempre será un vehículo para lograr que diversas ideas puedan hacer vida común, de manera que logren esa coexistencia necesaria entre distintas corrientes musicales y obtener nuevas rutas sonoras. Es por ello que, un 03 de septiembre de 1993, Luis Peña, Efrén Sevilla y Miguel Petrucelli hayan coincidido en ideas y en el cultivo de sonidos y silencios para fundar Baroko, una de las agrupaciones de dilatada trayectoria dentro de la órbita musical de Valencia, Venezuela.

Para celebrar su décimo quinto aniversario, Baroko ofreció un concierto en el Centro Cultural Eladio Alemán Sucre de la ciudad de Valencia, Venezuela, donde nos mostraron las razones por las cuales se han mantenido como una de las agrupaciones de jazz de mayor nivel de nuestra región, con un repertorio que abarca temas del cancionero popular venezolano así como composiciones originales de la banda, donde el jazz se presenta como protagonista principal, el cual se acompaña de elementos de la geografía sonora de Venezuela y de otras regiones del mundo. Una vez más, la creatividad, el talento y el alto nivel de los músicos de Baroko se evidenció con cada una de las interpretaciones que se dejaron escuchar en una noche de celebración por la música.

En esta ocasión, Baroko estuvo conformado por Oswaldo Flores en la guitarra eléctrica, ofreciendo solos cargados de energía, emotividad y complejidad, lo cual le ha colocado en un privilegiado nivel entre los ejecutantes de las seis cuerdas en nuestro país. Reinaldo Fernández - pianista de categoría - nos entregó ejecuciones llenas de destreza, elegancia y muy buen gusto, como ha sido su característica. Detrás de los tambores y platillos, Frank Polo, versátil baterista de dilatada formación en el campo de la música académica, aportó los ritmos con la solidez requerida en estos casos. Finalmente, Miguel Petrucelli hizo propias las notas oscuras del bajo, proporcionando el peso necesario para completar el mapa de sonidos planteado para un momento como este. la sorpresa de la noche estuvo a cargo del cantante venezolano Gilberto Ojeda, quien hizo las vocalización de los temas venezolanos con un alto nivel de ejecución que arrancó los aplausos del respetable público que presenció el concierto.

Un concierto que nos dejó un grato sabor y una experiencia de ricas sonoridades planteadas por una banda que, teniendo el jazz como punto de partida, ha logrado alcanzar altas cotas con su propuesta original, de cuidadosa elaboración y con altas dosis de emotividad. Bravo por Baroko, y que sigan adelante en ese camino planteado, donde la música continuará siendo un factor para unir voluntades y talentos.