martes, 23 de septiembre de 2008

Suka jazz en Valencia (La Reseña)


Suka Jazz en directo... desde Valencia

El ambiente lucía inmejorable, todos - o casi todos - los que tenían que estar ya estaban o bien sentados o bien parados, igual daba para disfrutar de una noche de jazz que prometía, y mucho. Los protagonistas o, mejor dicho, los que revelan a la protagonista, la música, ya estaban en posición de empezar a dibujar sonidos con la complicidad del aire, del tañer de las cuerdas o con el golpeteo incesante de las baquetas sobre los tambores y platillos.


Pablo Gil


Con el vuelo de las primeras notas, Pablo Gil nos presentaba su producción más reciente titulada Suka - Jazz en directo, donde se pretendía mostrar el ambiente creado en Caracas, lugar donde se hizo esta grabación en directo. Sin embargo, esta vez el lugar escogido para abrirle el camino a la expresividad, al virtuosismo, talento y sensibilidad no era precisamente Suka, sino el ya mítico Oh Que Bueno!, sitio tradicional de la ciudad de Valencia, ciudad capital del estado Carabobo, en Venezuela, suerte de refugio donde el jazz, así como iotras expresiones musicales, ha conseguido espacio seguro desde hace algunos años.


Roberto Koch


La energía emanada de la fibra de cada músico iba tomando el espacio, y la música surgía imponente, altiva, densa y mágica para confundirse entre el numeroso público que se dio cita, y toda la energía fue posible gracias a la química entre músicos y público, razón suficiente para alcanzar alturas jamás logradas.


Carmelo Medina


Muchas virtudes musicales surgieron de parte de los encargados de levantar el vuelo. Uno a uno, así como en conjunto, mostraron sus habilidades y todo lo que pueden entregar cuando de hacer buena música se trata. Pablo Gil ofreciendo aire destilado en alambiques de alto volumen, con notas vaporizadas que subían como luces y hacían que esta suerte de mezcla de jazz, funk y rock emergiera con vida propia. Andrés Briceño insuperable, siempre con la humildad que lo caracteriza, nos dio buenos visos de lo que un baterista debe ser: enérgico, creativo, impecablemente lleno de todo un virtuosismo mantenido en años al frente de unos tambores. Carmelo Medina, el del patio, lució sus mejores galas como guitarrista, siempre en su nivel - alto y sólido - como uno de los mejores exponentes de las seis cuerdas en nuestro país. Roberto Koch, luces aparte, aporta la seguridad, destreza, maestría y mucha elegancia al momento de pulsar las cuerdas de su contrabajo eléctrico, poniendo en evidencia el por qué es solicitado para muchos de los trabajos musicales en el país.


Andrés Briceño


Una noche irrepetible, con muchas luces provenientes de la unión del jazz, funk y rock brindado por 4 excelentes músicos que entregaron lo mejor de sí, amalgamados, como una sola unidad, pero sin perder el sentido que solo el jazz dispone. Bravo por ellos. Que se repita

1 comentario:

Petrusco dijo...

Hey, tremenda reseña. Ese es un grupo de puros panas que son puro talento. Tremenda velada. Un abrazo!